Una batería electrónica es un set de pads y platillos que, en lugar de producir sonido por sí mismos, envían una señal a un módulo: la pequeña computadora que interpreta con qué fuerza y en qué lugar golpeaste, y devuelve el sonido correspondiente. Tú tocas con baquetas, con las cuatro extremidades y con la misma coordinación de siempre; lo que cambia es de dónde sale el sonido y quién decide su volumen.
Ahí está su gran ventaja: puedes practicar a las once de la noche en un departamento sin que nadie se entere. Con audífonos puestos, lo único audible es el golpe seco de la baqueta contra la malla. Eso convierte a la electrónica en el instrumento realista para la mayoría de las personas que viven en Lima, donde tener un set acústico en casa simplemente no es una opción.
Pero sería un error verla solo como "la batería silenciosa". Es también un instrumento con lenguaje propio: te deja cambiar de kit entre una canción y otra, disparar samples y loops, tocar sonidos que ninguna batería acústica puede producir, y conectarte a una computadora para grabar. Muchos productores y músicos de estudio trabajan hoy exclusivamente con ella.
La misma técnica de siempre,
con el volumen en tus manos.
Y algo importante que conviene decir de frente: no es un instrumento de segunda. El temario de este curso es el mismo que el de la batería acústica —rudimentos, lectura, groove, independencia, estilos— porque la técnica es la técnica. Lo que agregamos encima son los módulos que solo existen en este mundo: edición de kits, curvas de sensibilidad, MIDI, grabación y uso en vivo.